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Ai Weiwei, ARTivismo comprometido

Ai Weiwei nació en Pekin en 1957 y en 1981, sin apenas dinero y sin saber una palabra de inglés se marchó a Nueva York huyendo de un país que había tratado de invisibilizar a su padre por su poesía; y que posteriormente trataría de hacer lo mismo con él por su arte.

El objetivo de este artista contemporáneo es cambiar China. Un reto que persigue inasequible al desaliento, pese a que lleva varios años sin poder salir de su país acusado de querer organizar una protesta por la demolición de su estudio y posteriormente por evasión fiscal.

Como contábamos, su padre fue castigado a trabajar en un lugar inhóspito limpiando letrinas porque escribía poesía. Por eso, en el momento en que el gobierno chino comenzó a sospechar del interés de Ai por las artes, Weiwei se vio obligado a salir de su país.

Es por su infancia y adolescencia por lo que su objetivo más que artístico es vital, tiene un fuerte compromiso político lo cual es toda una excepción en el mundo del arte actual. Toda la obra de Ai Weiwei lleva implícita una reflexión o una crítica.

En sus primeras obras Ai pintaba el logotipo de Coca Cola en vasijas cerámicas de miles de años de antigüedad evidenciando no sólo el peso que tiene para él la tradición china, sino también las vanguardias occidentales.

Con su obra “Forever” Weiwei entrelaza bicicletas en un laberinto, privándolas de la libertad inherente a este medio de locomoción tan extensamente empleado en China. Lo que quiere denunciar Ai a través de esta obra es precisamente la libertad cortada de estas bicicletas asimilándola a la situación del pueblo chino.

En “Remembering” el artista hace honor a los miles de niños que fallecieron tras un terremoto en la provincia de Sichouan debido a las ínfimas condiciones de construcción de las escuelas en las que estudiaban. Esta obra se encuentra en la fachada del museo Haus der Kunst, son nueve mil mochilas de colores que forman una frase: El epitafio de una de las madres de una niña fallecida: “Ella vivió feliz en este mundo durante siete años.”

Ai Weiwei es un artista tremendamente detallista, tanto que a pesar de no poder salir de su país, estudia cada detalle de los museos en los que va a exponer para adaptar su obra al mejor espacio posible. La obra de Ai Weiwei cuestiona la tradición china y se vale de ella para sacar a la luz el terror y la opresión que se viven en su país “Alguien tiene que plantar cara y hablar. Si no hablo me convierto en cómplice. Y ya está.”

Cree en la China que puede llegar a ser y pelea porque salga del pozo en el que está sumida:

Una sociedad sin libertad para hablar es un oscuro pozo sin fondo. Y cuando está tan oscuro, todo lo demás empieza a brillar.”

 

Fig.2
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